🔵Lo que está en juego no es solo la reputación de un país, sino la seriedad de quienes emiten las acusaciones

ROTATIVO/Redacción

En medio de un clima político cada vez más crispado en los Estados Unidos, resulta evidente que algo no marcha bien al interior de su clase dirigente.

Las tensiones, las disputas internas y el desgaste de su liderazgo han llevado a la utilización recurrente de señalamientos sin sustento como herramienta política.

No es la primera vez, ni será la última, que se recurre a este tipo de maniobras para desviar la atención de problemas domésticos cada vez más difíciles de contener.

En ese contexto, la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara, firme y, sobre todo, responsable.

Sin estridencias ni confrontaciones innecesarias, ha puesto sobre la mesa un principio básico en cualquier Estado de derecho: las acusaciones deben sostenerse con pruebas, no con insinuaciones.
“Si no existen pruebas claras, es evidente que el objetivo de estas imputaciones por parte del Departamento de Justicia es político”, señaló con precisión.

Una declaración que no solo fija postura, sino que también exhibe la fragilidad de los argumentos que pretenden construir narrativas sin sustento.

Más aún, la mandataria ha reiterado un compromiso que marca diferencia: en México no hay espacio para la impunidad, pero tampoco para juicios mediáticos o presiones externas.

“No vamos a cubrir a nadie que haya cometido un delito”, ha dicho, dejando en claro que su gobierno no será cómplice, pero tampoco subordinado.

Frente a los intentos de politizar la relación bilateral, la posición de México debe ser —y está siendo— la de la dignidad, la legalidad y la soberanía.

Porque cuando las acusaciones sustituyen a las pruebas, lo que está en juego no es solo la reputación de un país, sino la seriedad de quienes las emiten.

Hoy más que nunca, México necesita una conducción firme, que no se doble ante presiones externas ni caiga en provocaciones.

Y en ese terreno, la presidenta ha dejado claro que la defensa del país no se negocia ni se improvisa: se ejerce con firmeza, con argumentos y con plena convicción.