
🔵 La impunidad también porta uniforme
ROTATIVO/Redacción
En Oaxaca de Juárez la crisis dentro de la policía municipal ya dejó de ser únicamente laboral o administrativa. Hoy, las acusaciones apuntan a algo todavía más grave: el presunto encubrimiento de violencia y acoso sexual contra mujeres policías al interior del cuartel municipal. Y el señalamiento es directo hacia el presidente municipal, Raymundo Chagoya Villanueva.
De acuerdo con elementos inconformes, existen mandos provenientes del Ejército señalados por presunto acoso y conductas indebidas contra mujeres dentro de la corporación. Lo delicado no es solamente la denuncia, lo verdaderamente escandaloso es que, aseguran, el edil tiene conocimiento de los hechos y simplemente no ha actuado.
Silencio institucional. Protección política. Compromisos inconfesables
Porque en la lógica del poder mediocre, siempre hay prioridades: primero cuidar acuerdos, luego proteger amistades y al final —muy al final— escuchar a las víctimas.
La administración de Ray Chagoya se vendió como un supuesto proyecto de orden, modernidad y resultados. Pero conforme pasan los meses, lo que emerge es otra cosa, improvisación, frivolidad, conflictos internos y una peligrosa incapacidad para enfrentar temas sensibles.
Y cuando un gobierno es incapaz de actuar ante posibles casos de acoso sexual dentro de su propia policía, el mensaje hacia afuera es devastador: la impunidad también porta uniforme.
Las mujeres policías no solamente enfrentan jornadas extenuantes, presión operativa y abandono institucional; ahora también denuncian presuntos abusos cometidos desde la cadena de mando. Lo mínimo esperable sería una investigación inmediata, transparente y con separación preventiva de los señalados. Pero nada de eso ocurre.
El problema para Ray Chagoya es que el conflicto ya rebasó el escritorio de negociación.
Mientras el edil intenta contener el descontento mediante mesas de diálogo estériles, las y los policías advierten que podrían intensificar movilizaciones ante la falta de acuerdos concretos.
Y cada día que pasa sin respuestas, crece la percepción de que el Ayuntamiento no busca justicia, sino control político del escándalo.
Porque cuando un gobernante calla frente a denuncias tan delicadas, el silencio también se convierte en complicidad política.
Y Oaxaca empieza a preguntarse algo cada vez más incómodo:
¿qué tanto sabe el presidente municipal y por qué decidió no actuar?
