
🔵Recuperar la paz cuesta años… y muchas vidas
🔵 Nuevo tablero criminal comienza a instalarse en Oaxaca
Mientras algunos actores políticos siguen distraídos en la grilla, las campañas adelantadas y las disputas de protagonismo, hay un tema que avanza silenciosamente y con enorme peligrosidad en Oaxaca: la inseguridad y el reposicionamiento territorial de grupos criminales.
Los datos que hoy circulan sobre percepción y proyección de seguridad para 2026 colocan a Oaxaca en el lugar 27 de 32 entidades del país. No es un dato menor. Es una señal de alerta. Y peor aún, es el reflejo de un deterioro que ya comenzó a sentirse en distintas regiones del estado.

Durante años, Oaxaca logró sostener una narrativa distinta a la de entidades marcadas por la violencia extrema. La capital y varios destinos turísticos mantenían todavía márgenes relativamente estables; sin embargo, el mapa comenzó a cambiar aceleradamente.
Hoy, el foco rojo se concentra en el Istmo de Tehuantepec. Juchitán, Salina Cruz, Tehuantepec, Matías Romero y Ciudad Ixtepec aparecen como puntos de alta tensión. ¿La razón? El crecimiento estratégico del Corredor Interoceánico y el enorme flujo económico, comercial y logístico que representa.

Donde hay desarrollo, también llegan intereses oscuros.
Control territorial, cobro de piso, tráfico regional, huachicol, rutas migratorias y disputa por cadenas logísticas forman parte del nuevo tablero criminal que comienza a instalarse en Oaxaca.
El problema es que muchos todavía se resisten a aceptarlo públicamente.
La Costa, la Mixteca y el propio Istmo ya aparecen con niveles de riesgo Alto y Muy Alto. Y aunque Oaxaca aún no vive escenarios tan devastadores como Guanajuato, Zacatecas o Colima, sería irresponsable minimizar lo que está ocurriendo.

Porque así comienzan las crisis de seguridad: lentamente, entre negaciones oficiales, cifras maquilladas y discursos triunfalistas.
Primero aparecen ejecuciones focalizadas. Después, desapariciones, extorsiones y control de rutas. Más tarde, el miedo cotidiano. Cuando las autoridades reaccionan, muchas veces el problema ya echó raíces.
El caso del Istmo merece atención inmediata. La inversión industrial y logística puede convertirse en una enorme oportunidad económica para Oaxaca, pero también en un imán para estructuras criminales que buscan controlar dinero, transporte y territorio.
Y ahí está el verdadero riesgo: que el crecimiento económico llegue más rápido que la capacidad institucional para garantizar seguridad.
La pregunta ya no es si Oaxaca está cambiando. La pregunta es qué tan rápido puede descomponerse el escenario si no existe una estrategia seria, coordinada y firme.
Porque cuando la violencia deja de ser excepcional y comienza a normalizarse, recuperar la paz cuesta años… y muchas vidas.
