🔵El discurso fácil, la promesa hueca y la simulación

🔵La tolerancia se ha agotado

ROTATIVO/ Redacción

Al ritmo del amanecer al anochecer, la realidad en la capital oaxaqueña se impone sin matices, las cosas no van bien. El desgaste es evidente, inocultable, y ha provocado que los tiempos del relevo en la presidencia municipal de Oaxaca de Juárez se adelanten más de lo previsto.

No por cálculo político fino, sino por la acumulación de errores, omisiones y una gestión que no logró estar a la altura de las exigencias ciudadanas.
A Raymundo Chagoya le ha llegado el momento de enfrentar el saldo de su administración.

El discurso fácil, la promesa hueca y la simulación como método terminan por agotarse. La factura pública no distingue retóricas: se paga con credibilidad, con respaldo y, eventualmente, en las urnas.

El agravio no es menor. Oaxaca de Juárez, una ciudad con historia, identidad y un enorme potencial, ha sido arrastrada por la inercia de la ineficiencia. El pecado, en todo caso, fue colectivo: confiar en un proyecto que no supo traducirse en resultados.

La ciudadanía, como tantas veces, terminó siendo la gran perdedora.
En el horizonte ya se asoman nombres, aspiraciones y movimientos. Hay de todo, como suele ocurrir cuando el poder empieza a vaciarse.

Sin embargo, hay una constante que se perfila con claridad: el desgaste de los partidos políticos. Sus siglas, cada vez más devaluadas, difícilmente serán el factor decisivo. Servirán, sí, como vehículo legal, como requisito electoral, pero no como garantía de triunfo.

Lo que estará en juego será otra cosa: la credibilidad individual. El o la candidata que logre conectar con una ciudadanía harta, que presente propuestas claras, viables y medibles, será quien marque la diferencia. Ya no alcanza con prometer; se exige capacidad, seriedad y resultados tangibles.

En ese contexto, la pretensión reeleccionista del actual edil no solo luce frágil, sino francamente inviable. Cuando la percepción pública se instala en el terreno del desencanto, revertirla requiere algo más que discursos reciclados. Y eso, hasta ahora, no aparece.

La cuenta regresiva ya comenzó. Y esta vez, más que partidos o estructuras, será el juicio ciudadano el que dicte sentencia. Oaxaca no está para improvisaciones, y el margen de tolerancia se ha agotado.