
🔵No es tiempo de funciones, es tiempo de soluciones
🔵 La gente no olvida. Y menos cuando lo único que recibe, en lugar de respuestas, es soberbia
ROTATIVO/Redacción
En política hay errores… y luego están los desplantes. Lo ocurrido con la diputada Daniela Taurino en la colonia Aquiles Serdán, en Santa Lucía del Camino, pertenece a la segunda categoría.
Lo que pretendía ser un acto de cercanía —el programa “Cine en tu colonia”— terminó convertido en un espejo incómodo de la realidad: una ciudadanía cansada de la simulación.
Los vecinos no llegaron por entretenimiento ni por cortesías políticas; llegaron con exigencias concretas. Agua potable, obras, resultados. Lo básico. Lo urgente. Lo que no admite proyecciones ni discursos huecos.
“No queremos cine, queremos soluciones”, le dijeron sin rodeos. Y tenían razón.
Porque cuando el acceso al agua sigue siendo una deuda cotidiana, cuando las carencias estructurales persisten, ofrecer una función de cine no es un gesto social: es una evasión. Un distractor que subestima la inteligencia y la necesidad de la gente.
Pero el momento más revelador no fue el reclamo ciudadano, sino la respuesta de la legisladora. Lejos de escuchar, optó por imponer. “Les guste o no, soy la diputada del Distrito”, soltó, como si el cargo fuera un blindaje frente a la crítica y no un mandato para servir.
Ahí se rompió todo.
La frase no sólo destila arrogancia; también exhibe una peligrosa desconexión con el sentido más elemental de la representación popular. Ser diputada no es una imposición, es una responsabilidad. No es un título para presumir, es una obligación que se refrenda todos los días en el territorio, con resultados, no con eventos.
La reacción de los vecinos fue inmediata. El malestar escaló. Le recriminaron sus poses, su actitud distante, su evidente cálculo político. Porque el trasfondo es claro: la ruta hacia la presidencia municipal ya empezó, pero empezó mal. Muy mal.
En Oaxaca, como en muchas partes del país, la ciudadanía ya no se conforma con gestos simbólicos ni con campañas adelantadas disfrazadas de programas sociales. Exige soluciones reales, presencia efectiva y, sobre todo, respeto.
Lo sucedido en Aquiles Serdán no es un incidente aislado; es una advertencia. Cuando la política se vuelve espectáculo y la representación se reduce a protagonismo, el resultado inevitable es el rechazo.
La diputada haría bien en tomar nota: la gente no olvida. Y menos cuando lo único que recibe, en lugar de respuestas, es soberbia.
Porque al final, el mensaje fue claro y contundente: no es tiempo de funciones… es tiempo de soluciones.
