🔵 En Oaxaca faltarán acuerdos, sensibilidad y resultados… pero nunca faltará presupuesto para la vanidad política
ROTATIVO/ Redacción

Mientras el Poder Judicial de Oaxaca navega entre rezagos, protestas, conflictos internos y una percepción pública cada vez más deteriorada, en los pasillos de la institución parece existir una preocupación mucho más urgente: salir en medios de la CDMX, tomarse la foto correcta y construir una narrativa de “gran estadista” judicial.
Porque claro, en Oaxaca faltarán acuerdos, sensibilidad y resultados… pero nunca faltará presupuesto para la vanidad política.
Algo ocurrió dentro del área de Comunicación Social del Poder Judicial. Alguien convenció a la Presidenta Erika de que el camino al aplauso pasa por los reflectores capitalinos. Y se la compraron completita.
Hoy, más que una estrategia institucional, parece una campaña anticipada de posicionamiento personal.
Afuera del escritorio presidencial hay trabajadores inconformes, abogados desesperados, ciudadanos atrapados en la lentitud judicial y un Poder Judicial que hace mucho perdió cercanía con la sociedad.
Pero mientras eso ocurre, la prioridad parece ser alimentar el ego político y sostener la ficción de una funcionaria moderna, influyente y “proyectada”.
Grilla barata disfrazada de comunicación institucional. Porque una cosa es informar actividades y otra muy distinta utilizar al Poder Judicial como plataforma de promoción personal.
Ahí es donde la línea ética comienza a romperse. Y en política, cuando alguien empieza a sentirse figura nacional sin haber resuelto primero la crisis local, generalmente termina atrapado en su propio personaje.
La Presidenta Erika María Rodríguez Rodríguez debería entender algo elemental: ningún medio de la CDMX va a resolver el deterioro interno del Poder Judicial de Oaxaca. Nadie puede sconder el desorden administrativo, la soberbia política o la incapacidad de diálogo que hoy tiene tensionada a la institución.
La justicia se fortalece con resultados. Pero en Oaxaca parece que algunos ya confundieron el servicio público con casting político.
Y eso, tarde o temprano, termina pasándole factura a quienes se enamoran más de su imagen que de su responsabilidad institucional.
