
Se fue el autoritario edil Esaú López Quero. Ahora, la Sección XXII enfila baterías contra Jesús Romero López, señalado como protector político y principal operador del conflicto, así como contra el arrogante e ineficiente titular del IEEPO, Emilio Montero. El desgaste ya dejó de ser un asunto menor: el costo político para el gobierno de Salomón Jara es cada vez más evidente, profundo y difícil de contener.

Ante el daño político, social y mediático que ambos funcionarios arrastran, resulta pertinente —y urgente— que den un paso al costado. La soberbia, la improvisación y la incapacidad para construir soluciones terminaron por incendiar un conflicto que hoy rebasa al gobierno estatal.
Y con ello, también se diluye la posibilidad de que alguno de los dos pueda aspirar a relevar en el poder a quien en su momento les brindó respaldo, lealtad y confianza. En política, los excesos, la cerrazón y los errores se acumulan… y tarde o temprano, se pagan.
